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(Leído en redes sociales)

lunes, 27 de febrero de 2017

Cuando la búsqueda continua de éxito se convierte en enfermedad

Resultado de imagen de la irremediable busqueda del exitoSocialmente aceptado, el éxito muchas veces es la mayor meta personal que nos ponemos en un trabajo. Y aunque no tiene nada de mala esa ambición, el problema es cuando el éxito se transforma en nuestra única motivación llegando a convertirse en una patología.

Dejamos de lado emociones, calidad de vida y otros aspectos de nosotros mismos de lado, sólo por lograr el mayor éxito posible. Nos quedamos trabajando hasta más tarde o nos importa demasiado cómo nos valora el resto, cómo nos ven y consideran.

La felicidad y el éxito entran en conflicto cuando la aspiración de lograr reconocimiento a toda costa se convierte en una patología, aunque estos dos no sean incompatibles, es sólo uno el que prima. Muchas veces detrás de esa búsqueda excesiva y casi irracional de éxito, hay ciertos sentimientos ocultos a los que hay que poner atención:

1. Profundo miedo al fracaso: La motivación es “llegar a ser alguien” y para lograr ese objetivo están dispuestos a todo. Muchas veces se vuelven adictos al trabajo y pueden incluso llegar a sentirse culpables si no están haciendo algo productivo.

2. Siempre disponibles para jefes y clientes: Muchas veces dejan de lado a familiares y amigos por atender el teléfono un fin de semana e incuso trabajar en los días de descanso. La vida es una carrera, pero les preocupa tanto ganar, que no disfrutan del camino.

3. Miedo a ser invisibles: Como dice el artículo de El País, creen que “si no brillan, sobresalen o destacan, serán invisibles a los ojos de la gente y, en consecuencia, indignos de reconocimiento”. Lo peor es que muchos llegan a alcanzar el éxito, pero la sensación de vacío es insoportable. “Una vez conquistado el mundo se dan cuenta de que por el camino se han perdido a sí mismos”.

4. Es importante reconocerse a uno mismo: Muchas veces esta búsqueda de éxito delata una falta de autoestima. Lo primero es valorarse a uno mismo por la persona que es y no obsesionarse por el reconocimiento ajeno.

5. “El mayor triunfo es ser uno mismo”: Si es que estamos por el mal camino al éxito, es importante replantearse las prioridades, y si nos cuesta saber cómo, podemos seguir las enseñanzas de Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito: “Procura que el niño que fuiste no se avergüence nunca del adulto que eres”.

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